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NOS VAMOS A MELBOURNE Y NOS ENCONTRAMOS CON VERA Y DUNJA

De buena mañana nos levantamos ansiosos y muy contentos por varios motivos: uno de ellos y el más importante es que este día veríamos a Vera y el segundo y no por ello menos importante es que por fin, ¡íbamos a dejar este asqueroso albergue! ¡Por fin!

Con muchas ganas y alegría terminamos de hacer la maleta y nos fuimos a desayunar a Pie Face, a despedirnos de nuestros amigos los propietarios, que hasta les habíamos cogido cariño y que si no hubiera sido por ellos, que hicieron del desayuno un momento de calma, nuestra estancia en Cairns hubiera sido completamente desastrosa. 

Y como siempre en nuestra aventura australiana, el primer paso que hicimos en la mañana ya fue una emoción fuerte. Como hacemos habitualmente habíamos contratado el shuttle desde el hotel al aeropuerto, así que siguiendo las indicaciones que nos dieron, a la hora concretada nos pusimos delante de nuestro hostel a esperar… Sin embargo, después de unos minutos de retraso habituales en todas las compañías, empezamos a ponernos nerviosos. Nosotros veíamos que venían otras empresas a recoger a otras personas que estaban en el mismo hostel que nosotros, pero nuestra compañía no venía… En ese momento y como es normal, empezamos a inquietarnos, llevábamos una hora esperando y una hora de retraso cuando vas a coger un avión es un tiempo muy valioso… Así que no nos lo pensamos y la siguiente furgoneta que paró delante de nuestro hostel nos subimos. Gracias a Dios, aquellos tiempos no eran los de ahora, que hoy en día te piden casi hasta el nº de pasaporte antes de dejarte subir a la furgoneta, pero en aquel entonces todo era más relajado y solo con enseñarle el folio con una especie de justificante impreso pues le valió. Así que utilizando la picaresca española conseguimos llegar a tiempo al aeropuerto.

Cuando llegamos al aeropuerto todo transcurrió sin problemas hasta que llegamos a la zona de control de equipaje de mano. Como me había pasado durante todo el viaje (y he de deciros que aún es hoy en día y todavía me sucede…) me tocó hacerme el control de drogas y el control más exhaustivo de equipaje de mano. Normalmente nunca me preocupo porque no llevo nada fuera de lo normal, pero ese día estaba muy nerviosa internamente. No sé si habéis leído el capítulo anterior (os dejo el link aquí para que lo leáis porque vale mucho la pena) pero llevaba puesta la pulsera de semillas que había comprado en Cape Tribulation. Cuando había hecho la maleta el día anterior había pensado que el mejor lugar para llevar la pulsera era llevarla a la vista, pensé que el lugar más obvio es el lugar en el que menos se fijan y gracias a Dios fue así. Me chequearon la mochila, me miraron si llevaba drogas con el masas (equipo de análisis de sustancias) portátil que tienen en los aeropuertos y todo estaba ok, pero ni se enteraron de la pulsera! ¡Qué suerte que tuve! ¡Salvada por los pelos!

Cuando finalmente nos subimos al avión, nos tranquilizamos… Cairns había sido una ciudad de sobresaltos y ahora, de camino a Melbourne sentíamos que íbamos a estar más tranquilos.

Teníamos muchas ganas de ver a Vera y a Dunja (su pareja). A Dunja no la conocíamos todavía en persona pero Vera nos había hablado tanto de ella que era como si la conociéramos de toda la vida. Además, Dunja iba a ser la persona que nos vendría a recoger al aeropuerto, ya que desgraciadamente Vera, que es una Doctora en Biología muy importante del Children’s Hospital de Melbourne que tiene una grupo de investigación bastante potente y tiene mucha responsabilidad a su cargo, no podía venir a buscarnos. Dunja a diferencia de Vera, es Curator, lo que vendría siendo en España galerista de Arte, un oficio totalmente opuesto al de Vera, pero que ellas dos se complementan super bien. 

Las horas de vuelo (3 para ser exactos) las disfruté muchísimo, mientras Isaac se tomaba un respiro para descansar, yo escuchaba música mientras por la ventanilla veía los diferentes paisajes que formaban Australia: verdes paisajes de selva tropical al principio, grandes desiertos a mitad de vuelo y terminando por bosques de eucaliptos y grandes praderas llenas de ovejas. De nuevo me sentía afortunada de poder estar viendo todos esos paisajes, de poder vivir experiencias tan únicas (en lo bueno y lo malo…) .

Sin darme cuenta aterrizamos en Melbourne y ya lo que me llamó la atención es que el aeropuerto ¡tenía el suelo de moqueta! (ahora que han pasado los años he estado en más aeropuertos como éste, pero era la primera vez y alucinaba!) y otras de las cosas que más nos llamó la atención fue que la cinta para recoger el equipaje estaba directamente en la zona de acceso de la calle, es decir, en dónde en España te esperan los familiares y amigos que vienen a recogerte… Vamos a hacer una reflexión ¿Vosotros pensáis que algo así puede funcionar en España? Ya os digo yo que ni de coña, que seguramente habría gente ajena al aeropuerto que se dedicaría a coger las maletas de los turistas y venderlas… Pero bueno, a lo que iba, que mientras estábamos concentrados esperando y rezando para que nuestro equipaje saliera, vemos aparecer a Dunja ¡pero también a Vera! ¡Nos había engañado! Fue tanta la emoción que sentimos los cuatro en aquel momento que nos abrazamos los cuatro y casi se nos saltan las lágrimas. Fue algo muy fuerte lo que sentimos porque aquel momento fue como la culminación de nuestro viaje… Nos había costado tanto ahorrar para el viaje que verlas a ellas fue como sentir “lo hemos conseguido finalmente”. Fue un shock tan grande el que sentimos que ¡apenas nos salía una palabra en inglés!  Les pedimos un momento para recomponernos y calmarnos porque apenas nos salía nada! Pero poco a poco a medida que nos subimos al coche y nos calmamos todo empezó a fluir… 

Lo primero que hicimos fue ir a su piso a dejar el equipaje. Nos habían pedido por favor que nos alojáramos en su casa, porque por nada del mundo querían que estuviéramos en un hotel, así que por no hacerles un desprecio aceptamos la invitación y he de deciros que nos trataron super bien. Cuando llegamos nos tenían preparado un plano de Melbourne y nos habían cogido dos tarjetas para usar el metro, cargadas con 20$ cada una para que pudiéramos movernos por Melbourne a nuestro antojo, unos detalles que nos demostraron que era unas auténticas anfitrionas. Nosotros, como agradecimiento, les llevamos una figura de un toro hecha de porcelana y con una forma muy artística y de color verde. Cuando abrieron el paquete, que milagrosamente había llegado intacto después de dos semanas de viaje, su cara de sorpresa-asombro fue genial! Habíamos acertado de pleno! Lo primero que hicieron fue buscarle una ubicación y lo pusieron encima de la mesa del comedor para que, según ellas, sus amigos lo vieran cuando vinieran a casa. Nos hizo mucha ilusión que les gustara porque habíamos pensado mucho en ellas cuando buscábamos algo que comprarles y sin duda, supimos que este detalle les encantaría…

Su piso estaba decorado de una forma muy especial y auténtica, combinando muebles vintage, con pinturas aborígenes, libros de arte y filosofía, instrumentos musicales, fotos de viajes… Una casa llena de recuerdos y vivencias que las definían. Lo que más me llamó la atención es que no tenían televisión ni microondas, algo que en España no suele faltar en ninguno de los hogares… pero es que ellas intentan llevar un estilo de vida diferente en muchos aspectos y ¿sabéis qué? me gustó mucho vivir la experiencia adaptándome a ellas y a su estilo de vida porque te ayuda a darte cuenta de que no necesitas muchas de las cosas que normalmente tenemos… Que quizá es mejor leer un libro mientras escuchas música que quedarte con la mente en blanco mientras vez anuncios, por ejemplo…

Y no quiero olvidarme del habitante más especial de la casa, Miles, su perro. Desgraciadamente, un par de semanas antes de nuestra llegada, lo había atropellado un coche y lo había destrozado literalmente… pero Vera había decidido salvarlo a toda costa y lo habían operado para recomponerle el estómago y otros órganos que se habían visto afectados. Y bueno, después de una operación delicada y una recuperación aún más dura, allí estaba, recibiéndonos cariñosamente y mirándonos con sus ojos color canela. Estaba tan bien educado que no entraba en las habitaciones, se quedaba en la puerta mirándote y dándole al rabo como pidiéndote mimos… Era adorable! y como nos gustan poco los animales… imaginaros la ración de mimos que recibió durante los días que estuvimos allí… jajaja

Cuando nos acomodamos, nos arreglamos un poquito para salir a cenar y antes ir a una exposición. Dunja tenía un compromiso con un galerista del sur de Melbourne y tenía que hacerle una visita porque este día se inauguraba una exposición de arte moderno en esa zona, así que las acompañamos. 

La zona en la que se encontraba la galería era super chula, porque se veía la bahía de Melbourne y los rascacielos que formaban la ciudad. Recuerdo que allí nos hicimos unas cuantas fotos antes de ir a la galería.

Cuando entramos en la galería nos dimos cuenta de que no pegábamos en ese lugar ni con cola… La gente era muy alternativa, muy auténtica en su vestimenta así como en su estilo… Fue super gracioso porque Isaac  y yo nos dijimos, ¿qué hacemos aquí? Pero optamos por abrir la mente e intentar captar todo lo que pudiéramos de la experiencia. Suerte que Vera también se sentía un poco desubicada y nos dijo ” vamos a pedir una cerveza que así entenderemos mejor la exposición jajaja!” 

La exposición constaba de vídeos en blanco y negro con acciones repetitivas, gente bailando de forma repetitiva como si lo pusieran en bucle, gente diciendo frases en bucle también, imágenes abstractas… Era muy moderno para nuestro desconocimiento si os soy sincera pero con la cerveza y los comentarios graciosos de Vera nos reímos un montón. 

Después de la visita a la galería, que fue ya un comienzo fuerte, seguimos en el mundo artístico yendo a cenar al barrio Fitzroy de Melbourne. Nosotros no lo sabíamos hasta que llegamos pero Fitzroy es una de los barrios bohemios de la ciudad, lleno de restaurantes especiales, eclécticos, vinotecas y tiendas de diseño y bellas artes. Lo que más me gustó del barrio fue que antiguamente pertenecía a un suburbio de Melbourne asociado a la clase trabajadora. Sus casas adosadas de estilo victoriano construidas en el 1885 me encantaron y he de deciros que actualmente este barrio, que antiguamente pertenecía a la clase obrera, ahora es uno de los barrios chick de la ciudad. 

Fuimos a cenar a un restaurante vegetariano (Dunja es vegetariana) y nos encantó la comida. No sé si lo sabéis pero Melbourne tiene la fama en Australia de ser una de las ciudades que mejor se come y se toma café del país y damos fe de ello. 

Y después de una cena larga bajo la luz de las velas, los cuatro nos fuimos al piso a dormir y cargar pilas para el día siguiente que también iba a ser durillo… 

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