PAÍSES DE ASIA E INDONESIA: Capítulo 2

DE ESPAÑA TRABAJANDO DIRECTOS A DUBAI Y EMPEZANDO EL VIAJE

 

Y por fin llegó el día de partir…

Recuerdo que era un viernes y que había pedido en el trabajo empezar antes la jornada para poder salir con algo de tiempo para ducharme y comer antes de coger el avión. Aunque tuve que pegarme un buen madrugón, mi cuerpo estaba a tope de energía fruto de los nervios previos a un viaje, esos nervios que me encantan y que son tan buenos.

La mañana se me pasó volando, aunque quería terminar un montón de cosas antes de irme porque sentía que me iba a ausentar durante mucho tiempo, lo que no era cierto del todo porque en tres semanas volvía … Pero me suele pasar que el último día de trabajo siempre quiero terminarlo todo y con el tiempo he llegado a pensar que es una forma indirecta de hacer que el tiempo pase más rápido y que sin darme cuenta llegue el momento de irme de viaje.

Total, que como os digo, cuando salí del trabajo sentí que ya era libre, libre para empezar una aventura que tendría momentos duros pero que tenía ganas de afrontarlos. Así que Isaac y yo nos encontramos en casa, nos duchamos y cogimos el primer avión destino Madrid.

Afortunadamente la espera para el segundo avión que cogeríamos con destino Dubai no era muy larga, pero sí lo suficientemente adecuada para cenar algo y despedirnos de la familia. Recuerdo que, como viene siendo habitual, lo último que comemos antes de salir de España es un buen bocata de jamón, ya que cuando estás fuera sueles echar de menos estas cosas… así que solemos despedirnos de nuestra patria de esta manera jajaja.

Cuando subimos en el vuelo destino Dubai Isaac estaba algo nervioso y es que como ya nos vais conociendo, ya sabéis que nosotros apuramos al máximo el tiempo que tenemos y esta vez no era diferente. De hecho, habíamos apurado tanto que al pasar la noche volando, ya nos habíamos planeado el día non-stop en Dubai. Isaac solo pensaba en que si no dormía estaría hecho polvo y que no disfrutaría … por mi parte, era tal el nervio positivo que sentía que me daba igual dormir, no dormir… sabía que tendría fuerzas para lo que se me pusiera por delante. Durante el vuelo Isaac durmió bastante al final, más de lo que él dice porque es algo tiquismiquis con el tema del sueño, pero fue suficiente como para descansar. Por mi parte pues lo mismo, dormí al principio, aunque ya la última parte del viaje no pude pegar ojo por lo que aproveché para ver pelis y descansar la mente (que es lo que más me gusta de ir en un avión…).

Cuando aterrizamos en el aeropuerto de Dubai estaba amaneciendo, por lo que pudimos ver lo enorme que es el aeropuerto, así como la gran flota de Airbus A380 que tiene Emirates. Aunque vaya un montón de veces a Dubai, me deja siempre impresionada.  Al bajar del avión, una corriente de aire caliente, como si abrieras un horno, nos dio la bienvenida a la ciudad y es que, aunque fuera temprano, aquí suele hacer mucho, mucho calor.

En el aeropuerto, como suele ser habitual, todas las mujeres mayores se enganchan a mí y no sé porqué, la cuestión es que en Dubai me pasó lo mismo. Una mujer andaluza (no recuerdo el lugar de dónde era, pero me lo dijo…) me empezó a preguntar si sabía por dónde teníamos que ir para llegar al control de aduanas, obviamente no sabía porque no habíamos salido nunca del aeropuerto, pero sabíamos que teníamos que seguir las indicaciones que obviamente estaban en inglés. Como ella no sabía ni papa de inglés, nos pidió si la podíamos guiar y obviamente accedimos. Fue muy gracioso porque se notaba que la mujer no había salido mucho de España y todo le llamaba la atención: la ostentación del aeropuerto, el brillo del mármol en el suelo, los policías… Por lo que me contó, tenía a su hija viviendo aquí y en breve iba a tener un hijo, por lo que imagino que a la mujer se le juntaba todo. Acompañamos a la mujer hasta la recogida de equipaje y como nuestras maletas fueron de las últimas en salir (que ya nos estábamos poniendo nerviosos pensando que nos las habían perdido…) nos despedimos de ella en ese lugar, sin poder ser testigo del reencuentro con su hija, que seguro que iba a ser muy emocionante.

Cuando ya tuvimos todo nuestro equipaje a buen recaudo salimos en busca de nuestro transfer. En Dubai habíamos visto que era mucho más barato el reservar un conductor privado del hotel que te viniera a buscar que un transfer compartido, así que no nos lo pensamos mucho y reservamos con nuestro hotel. Pues nos vino a buscar un conductor de traje y en un Lexus enorme con asientos de piel.  No solemos hacer este tipo de cosas, pero tengo que decir que la comodidad fue total.

A medida que nos alejamos del aeropuerto y nos fuimos adentrando en la ciudad yo no podía dejar de mirar para todos lados: rascacielos, coches de alta gama, rascacielos de nuevo, hoteles caros y de repente… el Burj Khalifa de pasada… Sentí como si el tiempo se parara dentro de mi mente y me hubiera quedado flipada durante unos segundos mirando esa maravilla… Desde ese momento me enamoré.

En apenas 20 minutos nos encontrábamos haciendo el check-in en nuestro hotel. Tuvimos mucha suerte porque, a pesar de ser primera hora de la mañana, teníamos la habitación disponible para nosotros, así que pudimos aprovechar para ducharnos y salir bien fresquitos a conocer la ciudad, aunque antes de empezar, hicimos una pequeña parada técnica para desayunar algo.

Justo al lado de nuestro hotel había una parada de metro (de esas super modernas, por cierto) considerado el mejor lugar de la ciudad en cuanto a ventilación. Es decir, que si tienes calor en Dubai, lo mejor que puedes hacer es venir al metro a sentarte un rato y refrescarte. Y por si os parece exagerado, damos fe de ello, ¡el metro parecía un congelador! Cogimos el metro para ir a nuestro primer destino del viaje: Burj Khalifa y Dubai Mall.

Podíamos haber ido caminando a esta zona porque nuestro hotel no se encontraba lejos, sin embargo, el recepcionista del hotel nos lo desaconsejó por las altas temperaturas y el riesgo de sincope, así que les hicimos caso, que ellos tienen mucha experiencia con el tema de las altas temperaturas y así llegamos antes.

Lo más curioso y que nos llamó mucho la atención es que tienen todo totalmente preparado para que desde la boca de metro vayas internamente hasta la zona comercial del Dubai Mall. Aire acondicionado a tope, pasarelas mecánicas por si te cansas de caminar, máquinas expendedoras de agua a medio camino en caso de que te entre sed… todo, pero protegidos del sol, calor y del aire con partículas del desierto. ¡Una pasada vamos!

Antes de la visita reservada al Burj Khalifa y como era pronto todavía, nos dedicamos a pasear por el mayor centro comercial del mundo que es el Dubai Mall.  Sí, como lo estáis leyendo, el mayor centro comercial del mundo, porque tiene más de 1200 tiendas y su extensión ocupa lo equivalente a 200 campos de fútbol.

Enseguida nos dimos cuenta de cómo funciona la estructura jerárquica de este centro comercial. Todo está estudiado para que todas las clases sociales puedan comprar en el Dubai Mall, pero sin molestarse y es que, si te fijas un poco, te das cuenta que, si tienes un poder adquisitivo alto, las tiendas acordes a ese nivel se encuentran en las plantas superiores, mientras que si tienes un poder adquisitivo normal-medio, las tiendas a las que puedes acceder se encuentran en las plantas bajas o subsuelo. No me había imaginado nunca que esto pudiera ocurrir, pero sí, eso fue lo que vimos…

Perdiéndonos un poco por el inmenso lugar llegamos al famoso y conocido Acuario del Dubai Mall, una pecera enorme (que por eso ya le llaman acuario) en el que tienen todo tipo de especies marinas tropicales, con tiburón incluido.  Si lo piensas detenidamente, es surrealista que mientras estás comprando o te estás tomando algo en la cafetería de enfrente, puedas ver todos esos animales, pero así es Dubai un mundo de contrastes.

Dubai Mall

Después de esta pequeña introducción de lo que es el Dubai Mall decidimos salir al exterior, que parecía un horno. Justo delante del Burj Khalifa se encuentran las fuentes de Dubai que también son, al igual que el centro comercial, las más grandes del mundo. Ya habíamos visto las fuentes del Bellagio en Las Vegas en el 2014, pero es que éstas son otra dimensión… Desde que habíamos bajado del avión todo había sido espectacular, pero es que las vistas de la fuente con el Burj Khalifa de fondo me dejaron sin palabras (y eso que las fuentes todavía no se habían puesto en marcha).

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Después de estar sacando fotos en el exterior nos fuimos yendo hacia la entrada del Burj Khalifa. A pesar de haber comprado las entradas online con antelación, para poder acceder al ascensor que te sube al mirador, tuvimos que pasar por varios controles: uno para dejar la mochila en consigna, otro en el que comprueban que tu entrada sea válida y que coincida hora y día, otro control tipo los del aeropuerto… Y después de todo esto, tuvimos que esperar varias colas para acceder al ascensor. Como os digo, todo esto habiendo comprado la entrada antes, que si no lo haces de esta manera te pueden pasar varias cosas: o tienes suerte y puedes acceder al mirador el día que te presentas si esperas una cola kilométrica o puede ser que vayas varios días seguidos para comprar tu entrada y estén todos los accesos comprados…

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Lo que más nos llamó la atención de las colas fue la cantidad de gente india que nos encontramos allí… ¡es que apenas había europeos! Por no deciros que éramos de los pocos… Debieron de fletar varios aviones de India con destino Dubai y medio país se encontraba aquí, porque no lo entendemos. Además, no sé si os ha pasado, pero ellos tienen el sentido del espacio individual muy diferente al nuestro y cuando estábamos en la cola, literalmente nos tocaban y esto me ponía un poco inquieta porque aquí en Europa no estamos acostumbrados a eso…

Cuando finalmente nos tocó el turno para subir en el ascensor que te lleva al mirador del Burj Khalifa, tengo que decir que fue toda una experiencia. Nos metimos como 20 personas en ese espacio tan chiquitito e inmediatamente después de que se cerraran las puertas, nos quedamos a oscuras. En ese momento empezamos a ascender y fue entonces cuando empezó un espectáculo audiovisual de imágenes, luces y música árabe que nos rodeó. Y fue así, literalmente, ya que todas las paredes del ascensor eran pantallas. Fue una sensación muy extraña porque estábamos subiendo a 20Km/h y apenas sentías que el ascensor se estuviera moviendo, lo único que te hacía volver a la realidad era que los oídos se te taponaban por el tema de la presión, pero nada más. A mí me gustó mucho esta experiencia.

Cuando llegamos arriba y accedimos, entre tanta gente, al mirador la verdad es que te quedas impresionado por las vistas y sobre todo de sentir que estás en el edificio más alto del mundo. Desafortunadamente no pudimos tener una panorámica clara de la ciudad porque estaba empezando una tormenta de arena, pero lo que vimos te deja alucinado. Sin duda Dubai es una ciudad que me sorprendió gratamente porque arquitectónicamente es una ciudad Top. Cada edificio que ves es imposible no detenerte un momento y observarlo porque son muy únicos.

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En el Burj Khalifa hay dos terrazas que son miradores, que se encuentran en el piso 120. Esta es la entrada que compramos nosotros porque era la más económica, pero hay otras opciones más chulas, pero ya de otro presupuesto, como por ejemplo ver el amanecer con desayuno incluido, acceder a niveles más altos del edificio…

Burj-Khalifa
Vistas desde el piso 124 del Burj Khalifa

Como en todos estos sitios turísticos, cuando finalizamos la visita (que al final estuvimos 2h) tuvimos que esperar de nuevo en la cola para descender… Lo bueno es que había una tienda de souvenirs (por cierto, carísima) y estuvimos entretenidos mirando estas cosillas, por lo que el tiempo se nos pasó volando.

Antes de salir al exterior vimos una exposición-museo en el que se describía todo el proceso de construcción de este mega edificio y lo que más me llamó la atención y me gustó mucho, fue que la obra estuviera liderada por una mujer. En un país en el que el hombre tiene un papel mayoritario, me encantó ver que la mujer ha tenido una participación tan importante en un edificio que ha marcado la historia mundial. 😊

Con algo de prisa nos fuimos a comer. Digo lo de la prisa porque nosotros todo lo hacemos aprovechando al máximo y para empezar a tope el viaje, ese mismo día habíamos reservado la excursión por el desierto de Dubai… ¡Somos así y mientras el cuerpo aguante!

En el Dubai Mall había muchas opciones para comer, pero nosotros nos cegamos cuando vimos que había “Wagamama”. No sé si la conocéis, pero es una cadena de comida asiática (tailandesa, japonesa… un poco de todo) y que está delicioso. Los ingredientes son naturales y es una versión de noodles y demás comida típica muy similar a la que te puedes encontrar en Asia.

Al terminar de comer, cogimos de nuevo el metro de regreso al hotel y como íbamos muy bien de tiempo, decidimos subir a la piscina 20 minutitos a remojarnos un poco e intentar aliviar el calor abrasador que allí hace. Lo más chulo de nuestra piscina es que desde allí podías ver el Burj Khalifa y ¡era todo un lujo!

Después del baño nos pegamos una ducha rápida y bajamos puntuales al hall del hotel, digo puntuales porque nuestro guía local también nos vino a recoger puntual a la hora acordada, ¡ni que fueran suizos o británicos! Nos vino a recoger en un 4×4 habilitado para rutas en el desierto y con capacidad para 7 personas. Desgraciadamente nosotros fuimos los últimos que recogieron y nos tocó sentarnos atrás de todo ☹ un detalle que al principio no le dimos importancia pero que hizo que no tuviéramos vídeos decentes de las dunas…

El conductor- guía que nos tocó fue muy agradable y durante el trayecto de una hora hasta el desierto Rub Al-Jali nos estuvo explicando cómo transcurriría la tarde-noche, qué nos encontraríamos en el desierto, precios de actividades que no estaban incluidas en el pack y todo esto a ritmo de la versión del Justin Bieber de “Despacito”. Sí como lo estáis leyendo, “Despacito”, a nuestro conductor-guía le gustaba tanto que nos la puso como 10 veces jajaja. Lo más curioso es que no sabía que ¡la versión original era en español! ¡Se la tuvimos que enseñar nosotros!

Algunos de los detalles que nos explicó fue por ejemplo que, durante el verano, en el desierto de Rub Al-Jali se pueden alcanzar temperaturas de 55º al mediodía. También nos explicó que las dunas pueden alcanzar los 300 metros y que debido a los minerales que tiene la arena, tienen ese color rojizo tan característico y único en el mundo, entre otros detalles que no me acuerdo… sorry…

La primera parada de la excursión fue en un área en el que se podían realizar diferentes actividades, como por ejemplo conducir un quad o un buggy por las pequeñas dunas que había a la entrada del desierto, montar en camello, tomarte un refresco, comprar algún souvenir… Era una parada técnica obligada porque en este punto los coches se “enfriaban” después del trayecto desde la ciudad y se les quitaba aire a los neumáticos para que se pudiera hacer la ruta por las dunas.

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Primera parada técnica
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Primera parada técnica

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Tengo que deciros que lo de ir en buggy o quad es muy guay… nosotros no lo hicimos porque queríamos ir los dos y nos costaba 120€ por media hora y no era plan de derrochar ya el primer día del viaje, pero tengo que deciros que nos quedamos con las ganas. Durante la parada técnica estuvimos viendo al resto de gente que sí que se había animado y parecía muy divertido, eso sí, terminabas la actividad rebozado en arena.

Después de esta parada “técnica” empezó lo bueno… Nos subimos al 4×4 y nuestro guía-conductor lo dio todo para que fuera un momento especial y tengo que decir que para mí lo fue. Quitó a Justin Bieber por un rato y nos puso música árabe a todo volumen (el coche venía equipado con subwoofer) y empezó a conducir con suma maestría por esas grandes dunas. La sensación fue brutal… cuando subías la duna parecía que el coche no iba a tener fuerza, pero es que cuando llegabas a la “cima” no veías dónde íba a caer el coche… Recuerdo este momento con un subidón de adrenalina enorme y no entiendo muy bien porqué, pero literalmente estaba en una nube. Isaac también sintió lo mismo, pero sí es cierto que daba algo de mareo (el coche estaba totalmente reforzado en el interior con barras de hierro en caso de que volcáramos y con agarres para no ir dando saltos por el interior del coche), de hecho, las 4 personas que venían con nosotros estaban súper mareados. Tal era el mareo que tenían que una de las veces dijo que si podía ir más despacio… Creo que la única flipada que quería velocidad y saltos era yo…

Después de media hora de saltos, todos los coches que hacían el recorrido por las dunas (todos los coches de la empresa a la que habíamos contratado el tour, se pusieron de acuerdo para hacer a la vez esta parte del tour) aparcaron en medio de una zona dunar para que pudiéramos sacarnos fotos y también asentar ese mareo… Isaac y yo bajamos todos preparados y calzados pero enseguida vimos que para ascender las dunas y disfrutarlo bien, había que descalzarse, así que sin pensarlo ni un minuto me fui dispuesta a subir al filo de la duna gigante que tenía delante… Costó un poco, pero valió la pena ver el horizonte desde allí arriba. Yo estaba flotando, me parecía un paisaje tan bello y atractivo que no quería moverme de allí. De hecho, una vez sentada en la cima de la duna, ¡no me moví! Con el tour teníamos la actividad de hacer sandboard por la duna, pero es que ¡no tenía ni ganas! Solamente quería disfrutar del lugar…

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Una vez terminó esta segunda parada, ya nos fuimos por dunas más pequeñas hasta el campamento en el que cenaríamos. Cuando llegamos nos dieron la bienvenida con dátiles (que no los he comido más buenos en mi vida) y nos dijeron que mientras la cena no estaba lista podíamos realizar alguna de las actividades que teníamos incluidas, como por ejemplo: montar a camello, sacarnos fotos con un halcón, ponernos ropas típicas del desierto, hacernos un tatuaje de henna… Así que nos pusimos manos a la obra a amortizar el precio que habíamos pagado por el tour…

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Tatuaje de henna
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Desierto de Dubai
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Desierto de Dubai

Lo primero que hicimos fue sacarnos una foto con el típico halcón que tienen los árabes para sus actividades de cetrería. El ave era preciosa, eso tengo que decirlo, un animal bello. Sin embargo, tenía los ojos descubiertos y aunque estaba atado por una de las patas y te indicaban cómo tenías que sujetarlo, yo no estaba muy a gusto… Recuerdo que cuando lo tenía sobre el brazo, lo miraba de reojo y él me miraba a mí, era una sensación extraña porque me daba la sensación que en cualquier momento saltaría y me daría un picotazo en la cara, de ahí que las fotos mías no sean muy buenas…

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Desierto de Dubai

 Isaac, por su parte, no tuvo ningún problema, es más ¡se le veía suelto y todo! Es cierto que también le gustan mucho las aves y no tuvo la misma paranoia que tuve yo…

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Desierto de Dubai

Seguidamente nos fuimos a dar una vuelta “pequeña” en camello. Yo nunca había estado tan cerca de un camello y son realmente enormes, vamos, que si te caes de su lomo…. Es peor que si te caes de un caballo (por la altura). Eran tres los camellos que había y mientras esperaba mi turno ya me di cuenta que no tenían ganas de pasear a nadie más porque no paraban de hacer un ruido raro… En este momento me vino a la cabeza mi experiencia fantástica (ironía) a caballo en Doñana y ya me puse algo tensa. Afortunadamente en este caso, Isaac y yo iríamos juntos, uno delante del otro, por lo que me tranquilizaba algo…

Cuando nos tocó subir a los camellos yo apenas podía subir de lo alto que era ¡y eso que estaba tumbado! Además, los tres camellos estaban sujetos y estaban super cerca, es decir que para subir, casi que el camello que estaba detrás del nuestro podía comerme el pelo… ai no sé, pero no me gustó. Después el paseíto pues sí, fue despacio y eso, pero ya no iba a gusto y solamente me quería bajar. Sinceramente creo que todavía no tengo superado el tema de Matalascañas…

Al bajar del camello directamente nos fuimos al campamento de nuevo, porque ya era la hora de cenar. La cena que nos ofrecieron era tipo buffet y tenía comida de todo tipo, pero principalmente comida árabe, muy rica por cierto. Lo mejor de la cena fue que en el centro del campamento había como un escenario y una bailarina que bailaba la danza del vientre nos amenizó la cena. Nunca había visto ese baile en vivo y en directo y tengo que decir que me parece un baile muy sensual y femenino. El espectáculo me pareció un exitazo, aunque también se me presentaron muchos dilemas, entre ellos ¿qué pensarán los dubaitíes de esa mujer que actúa enseñando su cuerpo para los turistas? No obtuve respuesta porque no me atreví a formularle esta pregunta al conductor, pero todavía sigo intrigada…

Otro detalle que me pareció fatal durante este espectáculo es que la bailarina se iba acercando a cada una de las mesas para enseñarnos más de cerca los movimientos que hacía… Bueno, pues en una de esas mesas había un grupo de turistas americanos y ¿sabéis qué hicieron? Pues literalmente se pensaron que estaban en Las Vegas porque sacaron unos billetes y se los metieron en el cinturón con monedas y demás bisutería que llevaba. La bailarina se ofendió un poco porque ¡este baile era otra cosa! No sé, pero esos americanos fueron unos maleducados y sobre todo incultos.

A continuación de la danza del vientre un chico hizo un espectáculo muy bonito con una especie de platos y un traje con luces. Fue muy divertido porque era un espectáculo medio acrobático y me gustó mucho.

Después de los bailes la excursión llegó a su fin y de nuevo regresamos a la ciudad.

Este día lo recuerdo como mágico (a pesar de la interacción con los animales), la ruta por las dunas, la ciudad de día, la ciudad de noche… Creo que fue un día ESPECTACULAR. Tal fue la sensación mágica que sentíamos que en alto dijimos  “Si éste es el primer día… ¿Cómo será el resto?” Porque este día había sido fuerte de emociones…

Y como si de un sueño se tratara, nos pusimos a dormir con las cortinas abiertas observando al Burj Khalifa…

(si queréis saber todos los detalles del viaje os dejo el link al post: DUBAI: BURJ KHALIFA Y SAFARI POR LAS DUNAS EN 4X4).

 

 

 

 

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