JAPÓN: Capítulo 23

REGRESO A ESPAÑA

 

Nos levantamos por la mañana bien pronto, cansados y con ánimos tristes… Nuestra actitud era de resignación, de melancolía… La verdad es que no nos queríamos ir… Sin desayunar salimos a las 05:00 de la mañana cargados de nuevo como burros con el equipaje hacia la estación de tren.

Recuerdo que este último  trayecto con las maletas fue agotador y es que era normal, a medida que fueron pasando los días fuimos comprando cosas y ahora el peso era mucho mayor que al principio. Apenas habíamos caminado 5 minutos y yo ya estaba sudando de una manera exagerada y lo peor de todo, me estaba empezando a doler la espalda de una forma seria… Creo que era un poco de todo lo que mi cuerpo estaba demostrando: cansancio, agotamiento… Pero a pesar de todo, estaba tranquila porque teníamos la situación controlada: sabíamos a qué andén teníamos que ir, el tren que teníamos que coger, que iba puntual… Así que no había porqué preocuparse.

Cuando llegamos a la estación y localizamos el tren que iba al aeropuerto nos pasó algo curioso… En España tú esperas en el andén y ya está, quiero decir, puedes esperar en cualquier parte del andén porque ese tren va a un destino concreto. Pues suerte que el revisor nos vio cara de ‘guiris’ con las maletas y nos avisó de que estábamos mal situados y la verdad es que era cierto; en el andén había unas líneas pintadas de dos colores: una amarilla y otra verde (nosotros estábamos en la amarilla), vale, pues la zona amarilla indicaba que los vagones que allí se situarían, en un momento concreto del trayecto, se separaban de los vagones que se encontraban en la zona verde, que se iba a otro destino, mientras que los vagones que se situarían en la zona verde irían hasta el final del trayecto, es decir, al aeropuerto.

Cuando nos subimos al tren y a medio camino, tal y como nos dijo el revisor, los vagones del 9 al 12, se soltaron y regresaron dirección a Osaka, mientras que los vagones del 1 al 8, que era en los que nosotros nos encontrábamos, continuaron el trayecto dirección al aeropuerto. Gracias a Dios que el revisor que controla los accesos al tren estaba atento, porque si no fuera por él quizás ni hubiéramos pillado el avión. A pesar de haber sido precavidos, tardamos casi dos horas en llegar y el trayecto fue muy incómodo porque íbamos como en una lata de sardinas, apilonados, de hecho tuvimos que ir de pie todo el rato.

En el aeropuerto, tuvimos tiempo de cambiar divisas que nos habían sobrado, ¡casi 400€ que no estaba mal! Además el cambio fue muy bueno y por lo menos pudimos solventar el gasto de la pérdida del vuelo a Serbia…

El paso de Aduanas fue un poco más lento, había mucha gente y se miraban mucho. Creo recordar que entre una cosa y otra estuvimos 45 minutos. Pero a pesar de todo nos dio tiempo de desayunar algo rápido antes de subir al avión.

El viaje…. Si os soy sincera, no me acuerdo de nada. Cuando me senté en el avión de Air France me quedé k.o. no os exagero si os digo que me desperté en París (¡sin tomarme nada!) Fue muy guay porque pasaron un montón de horas sin darme cuenta.

Cuando llegamos a París fue otra vez una odisea, de nuevo tuvimos que atravesar de punta a punta el aeropuerto Charles de Gaulle y pasar otra vez por los controles policiales y aquí es dónde tuvimos la última taquicardia del viaje. En Osaka y antes de subir al avión, nos habíamos comprado unos productos Shiseido en un Dutty Free (champús, cremas, … que me hacían gracia). En el mismo Dutty Free me habían puesto una bolsa especial  para subirlo al avión, cerrada herméticamente, con el ticket grapado en la bolsa para que no tuviera problemas en las aduanas y se viera que era comprado en el propio aeropuerto después del control. Bueno pues en París, un hombre de aduanas empezó a ponerme pegas, que no se fiaba de la bolsa que si llevaba sustancias peligrosas… Vamos un montón de problemas cuando había sido todo hecho correctamente. Sinceramente creo que quería quedarse con los productos, pero después de insistir nos lo dejó pasar sin problema. Fue en este momento cuando me di cuenta de que  ya estábamos en Europa.

Nos subimos al avión con destino Barcelona y sin darme cuenta ya estaba recogiendo nuestro equipaje (gracias a Dios hasta el momento nunca hemos tenido problemas con las maletas y espero que siga siendo así). Cuando tuvimos con nosotros todo nuestro equipaje, salimos a la zona de llegadas y ya vimos a Valentín que nos estaba esperando con una gran sonrisa. Esto ya era el final definitivo, estábamos en España, concretamente en Barcelona y aunque nos quedaban unos días de descanso para recuperarnos al 100% antes de volver a Galicia, para mí el viaje ya había terminado. El sueño se había cumplido, había visitado Japón y siempre lo llevaría en mi interior…..

Unos meses después…..

Isaac se recuperó completamente de los vértigos que había tenido, tanto que ya ni se acordaba de eso. En cambio yo, como predije, tuve muchos meses dolor de espalda de cargar con todo el equipaje…

Unos meses después, nos aventuramos a comprar el Mazda CX3 que nos había enamorado en Japón. Para nosotros fue una compra muy especial por todo el contenido sentimental que tiene para nosotros. Además, siguiendo la tradición japonesa de apreciar los objetos como si tuvieran alma, decidimos ponerle nombre al coche: Josh (haciendo referencia a las letras de la matrícula).

Seguimos considerando Japón como un destino especial que nos llenó de espiritualidad y tranquilidad, de hecho no hemos ido a otro sitio que nos haya transmitido lo mismo… Pensamos volver en un futuro, si se puede…

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