JAPÓN: Capítulo 16

ÚLTIMO DÍA EN  HIROSHIMA

 

Cuando nos levantamos en el que iba a ser nuestro último día en la ciudad, el ánimo de Isaac estaba totalmente por las nubes y era directamente proporcional a la disminución de los vértigos, así que yo me empezaba a relajar porque parecía que la pesadilla estaba terminando…

La emoción era tanta porque a lo largo de la mañana íbamos a visitar la fábrica de Mazda. No sé si lo había dicho pero a Isaac le encantan los coches en general y visitar una fábrica de una marca como ésta era todo un acontecimiento.

Pero antes de ponernos en marcha teníamos que desayunar, una situación que se estaba convirtiendo en crítica para mí. Ese día decidí bajar a desayunar (no como el día anterior que pasé de todo y comí cereales en la habitación) pero como no me gustaba nada de lo que había pues era complicado… Finalmente recuerdo que me decanté por un plato de pollo, porque era mejor que algas y sardinas frías…

La fábrica de Mazda no estaba muy lejos, pero como no queríamos tentar a la suerte ni al destino, decidimos mantener la calma de los días anteriores y coger el tren en vez de ir caminando como solemos hacer. Además, de esta manera Isaac era más probable que aguantara el día mejor.

Cuando llegamos identificamos enseguida el edificio cuadrado de Mazda, que es la sede central. Recuerdo que cuando nos estábamos acercando al edificio Isaac se iba emocionando cada vez más y es que estaba super contento. Para que veáis que no miento, os pongo la foto que le hice antes de entrar, en la que se ve claramente que estaba happy happy en comparación con los días anteriores.

A punto de entrar en la sede de Mazda

A punto de entrar en la Sede Central de Mazda

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Sede de Mazda

Lo primero que hicimos al entrar en el edificio fue identificarnos, indicando que habíamos hecho la reserva para la visita. Este procedimiento era obligatorio si querías visitar las instalaciones, porque aunque la visita es gratuita, tienes que pedir cita con antelación. Como todavía faltaban unos minutos para empezar la visita, nos dieron una tarjeta de visitante y nos mandaron esperar en el hall donde tenían todos los modelos de Mazda expuestos (todos en el color soul red, característico de la marca).

Aprovechamos la espera para entrar en todos los coches, sentarnos, tocarlos, … y ver cuál nos gustaba más… Sin embargo, de todos los modelos que había expuestos Isaac y yo solo teníamos ojos para uno: el Mazda CX 3. Nos parecía el coche más bonito, más equilibrado y sobre todo, ideal para nosotros dos.

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Sede Central de Mazda

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Sede Central de Mazda

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Sede Central de Mazda

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Sede Central de Mazda

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Sede Central de Mazda

Como a Isaac le encantan los coches, siempre le está dando vueltas a qué coches nos pueden encajar, pero cuando me decía sus opciones, a mí no me convencía ninguna, sin embargo el CX3 era el único modelo en el que estábamos los dos de acuerdo e ilusionados.  El único inconveniente que tenía era su precio, algo elevado para los coches de su gama… Por lo que, aunque estuviéramos allí, teníamos que bajar a la tierra y centrarnos en que solamente era una visita a la planta…

Durante la visita nos explicaron la historia de Mazda Motor Corporation. Esta empresa  fue fundada en Hiroshima en el año 1920 y todavía conserva su sede corporativa en la ciudad que le dio origen. Al igual que Toyota lo es en la ciudad de  Nagoya (Japón), Mazda tiene un papel muy importante en la economía de la ciudad de Hiroshima. A pesar de que Mazda no es tan grande como Toyota, produce más de 1.000.000 de coches al año y tiene un papel importante en la innovación de la industria automovilística japonesa. Un ejemplo de ello es que en 1991 Mazda se convirtió en la primera y única compañía japonesa en ganar las 24 horas de Le Mans. Otro ejemplo más de innovación fue el que consiguieron cuando crearon vehículos más eficientes mejorando la versión de los motores rotativos.

Jujiro Matsuda, su fundador, en 1920 decidió reconvertir una empresa de corcho, que era a lo que inicialmente se dedicaba, en una fábrica de producción de máquinas y equipos industriales, siendo la Primera Guerra Mundial el detonante que hizo posible este cambio.

Tres años más tarde, un gran terremoto devastó la región de Tokio y fue en ese momento cuando los Estados Unidos les prestaron ayuda, dejándoles camiones para que pudieran reconstruir el país lo más rápido posible. Es así como el automóvil, hasta entonces considerado un bien de lujo, se impone como un utilitario normal y es en este momento cuando Matsuda decide iniciar la producción de un vehículo de dos ruedas, con motor de dos tiempos. Tal fue el éxito que tuvo su idea emprendedora que en pocos años la construcción de vehículos fue el eje principal de su fábrica.

En 1927 Matsuda se plantea fabricar su propio automóvil, un vehículo de tres ruedas. Fue en este momento cuando decide cambiar el nombre de la empresa por uno más comercial y se decanta por Ahura Mazda, que es el dios persa de la luz, la sabiduría, la inteligencia y la armonía, que casualmente se pronuncia de la misma manera que el nombre de su fundador, Matsuda.

Tal fue la demanda que obtuvo Mazda con su modelo de tres ruedas en aquel entonces que en 1934 tuvo que ampliar sus instalaciones para poder cumplir con los pedidos que tenían. Sin embargo, las autoridades en 1936 decidieron prohibir la producción para demanda extranjera y fue entonces cuando su fabricación disminuye considerablemente. Sin embargo, Matsuda no se viene a abajo y sigue soñando con nuevos prototipos de coches, como un cupé por ejemplo.

Pero todo quedó totalmente paralizado cuando Japón entra en la Segunda Guerra Mundial y el 6 de agosto de 1945 Hiroshima queda totalmente destruida por la bomba atómica. Afortunadamente el complejo industrial de Mazda, alejado de la ciudad, queda prácticamente intacto, haciendo en muchas ocasiones como hospital improvisado para ayudar a las víctimas (Alrededor de 200 personas fallecidas durante la explosión de la bomba habían sido trabajadores de la fábrica).

Con el esfuerzo y tenacidad de los habitantes de Hiroshima, la ciudad consigue salir a flote, al igual que Mazda, ganándose con los años, una impecable reputación entre sus usuarios que valoran cada vez más la calidad y robustez de sus vehículos.

Como habéis visto, me empapé de todos los detalles de la planta porque realmente me pareció que Mazda había sido para los ciudadanos de Hiroshima una razón más para seguir a delante ante las adversidades y por este motivo, se me habían quedado grabados todos estos detalles, porque son de admirar.

En el recorrido por la fábrica pudimos visitar las líneas de producción y lo que más nos llamó la atención fue la modernidad de las instalaciones. Los operarios (además de llevar el uniforme impoluto) recibían las piezas de los coches que estaban montando (tardaban super poco en hacerlo por cierto) y no hacían un mismo modelo en cadena, si no que tanto podían hacer un mazda 6, como seguidamente un mazda CX3.  Otra de las cosas que me llamó la atención era que estaban totalmente en silencio, no hablaban, solamente estaban concentrados en colocar las piezas que les llegaban en unos carros inteligentes (¡sí, se movían solos! nunca había visto algo parecido) y listo.

Los exteriores de la fábrica estaban igual de limpios, no había basura, ni nada por el suelo, era muy impresionante lo perfecto que estaba todo. Como la fábrica de Mazda era bastante grande (7km de largo aproximadamente) hicimos el recorrido al museo y fábrica en autobús. De hecho, en el recorrido pudimos ver como embarcaban los coches en un buque con destino a cualquier parte del mundo y todo esto, dentro de sus instalaciones (Mazda tiene dentro de sus instalaciones el puente privado más largo del mundo, con 2km de longitud).

También visitamos un museo en el que estaban todos los modelos de Mazda construidos hasta el momento.

Después y para finalizar la visita, nos llevaron a la sala de diseño e innovación, con todos los modelos de arcilla (que es como hacen el prototipo de los coches antes de pasarlos a la producción) en los que trabajaban. En el estudio de un prototipo podían pasarse hasta tres años analizando, mejorando las líneas y la aerodinámica del coche, siguiendo la filosofía Kodo, qué significa “alma del movimiento” . Un departamento mucho más artístico y menos mecánico que lo que habíamos visitado en planta (sin duda el departamento en el que Isaac desearía trabajar).

Una vez terminada la visita, decidimos alargarla un poquito más en las instalaciones y nos tomamos un cafecito en la cafetería que tenían en la Sede Central. Obviamente, mientras nos tomábamos el café, volvimos de nuevo con el tema: que nos gustaba mucho el  Mazda CX 3, que todavía teníamos que esperar para comprarlo… bla bla bla

Cuando terminamos el café y la charla, cogimos el metro y el tranvía para acercarnos a  Hondori Street, la calle principal de Hiroshima y que ya habíamos visitado el primer día.

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Esperando el tranvía

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Hondori Street

Como  nos vino el hambre de repente, terminamos en el McDonald’s.  De todos modos, aunque suene a comida basura, tengo que deciros que en Japón las porciones son muy pequeñas y aunque es malo igual, no nos sentó tan pesado y tan mal como si comes en España una hamburguesa, así que dentro de lo malo, mejor así…

La razón principal por la que habíamos regresado a Hondori Street era porque Isaac quería regalarle a su hermano una camiseta como la suya, de Alpha Industries. Tenía esa cosa dentro, ese lamento de no haberle comprado una camiseta a su hermano el primer día que estuvimos allí, que como teníamos tiempo, había que comprársela. Pero Isaac aprovecha todas las situaciones que se le aparecen en el camino y con la excusa de su hermano, terminó comprándose otras dos camisetas para él de Levi Strauss, que también estaban de oferta. No sé cómo se lo monta pero siempre encuentra cositas que valen la pena ¡¡¡y aún encima de marca!!! Así es que siempre va hecho un pincel (además de que tiene buena percha, aunque lo diga yo…)

Después de las compras, llegó mi momento y decidimos ir al Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima, porque pensamos que sería interesante. Para llegar hasta el Museo tuvimos que caminar un poco, ya que se encuentra en un parque que está situado en la cima de las montañas que rodean el centro de la ciudad. Cuando llegamos el Museo, me dio la impresión de que allí ¡no iba ni Dios! porque apenas éramos 10 personas las que allí estábamos, a parte de los trabajadores.

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De camino al museo nos encontramos con este cartel, con el que era inevitable hacernos la foto…

El Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima es el primer Museo de Arte Público de Japón dedicado exclusivamente el arte contemporáneo. La política que tiene este museo es la de adquirir obras que puedan abarcar todas las clases de arte, desde la arquitectura hasta el diseño propiamente dicho, por lo que puedes encontrar algunas obras que encajen con tu gusto…

Cuando entramos, como os digo, éramos los únicos que estábamos en las salas de exposición... (más o menos tuvimos la misma sensación que tuvimos en el MUSAC de León. Si quieres leer ese post haz clic aquí).

La primera exposición que vimos fue una exposición fotográfica, en la que a través de imágenes de diferentes flores podías ver reflejado los diferentes sentimientos que tiene el hombre. Además, la exposición iba a acompañada de un vídeo que era algo difícil de interpretar, porque a mí sinceramente me parecía un vídeo lleno de ruidos bastante estridentes… Siempre que entramos en un museo como este nos sentimos algo perdidos, porque nos cuesta pillar la idea de las obras, pero de eso se trata el arte moderno, de generar emociones e inquietudes en uno mismo…

De hecho, viendo que no nos enterábamos mucho de lo que estábamos viendo, Isaac decidió tomar las riendas de la situación y me hizo de guía privado, dándome su valoración de cada una de las obras que íbamos viendo.  Tal fue el hartón de reírnos que vivimos, que hasta me daba corte reírme porque claro, los japoneses son tan estrictos y serios que ¡solamente se nos escuchaba a nosotros reír! Lo pasamos genial la verdad…

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Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima

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Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima

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Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima

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Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima

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Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima

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Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima

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Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima (exteriores)

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Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima (exteriores)

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Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima (exteriores)

Cuando terminamos la graciosa visita al museo decidimos ir yendo para el hotel, dando un paseo claro, porque teníamos una buena caminata de regreso.

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Regresando al Hotel

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Regresando al Hotel

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Regresando al Hotel

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Regresando al Hotel

 

Ese día, cuando llegamos a la estación central, (estaba al lado del hotel) nos llamó la atención que vimos un montón de gente que llevaba las camisetas del equipo de béisbol de la ciudad, los Hiroshima Carps, por  lo que deducimos que ese día había partido. Esa noche íbamos a tener entretenimiento entonces porque ¡desde nuestra habitación se veía el estadio!

Estaba todo muy ambientado con puestos que vendían el merchandising del equipo local y la gente estaba muy alterada para lo que suelen ser ellos.  He de deciros que ese día, Hiroshima parecía más una feria que la ciudad que habíamos conocido los primeros días, ¡pero nos gustaba! También era curioso ver a los japoneses emocionados por algo y dejándose llevar un poco…

Cuando llegamos al hotel nos sentamos en la cama y nos pusimos a ver las gradas y el partido de béisbol. Como el estadio de los Hirsohima Carps se llama Mazda Zoom Zoom, salió el tema del coche de nuevo. Lo recuerdo como si fuera hoy, sentados en la cama,  mirando por la ventana, decidimos que el Mazda CX3 tenía que ser nuestro en un futuro. Y fue en ese momento cuando decidimos el color, el modelo, el motor…Teníamos una nueva meta, aunque ambiciosa, era la que a los dos nos hacía felices. Teníamos claro que no era imposible, que requería esfuerzo conjunto y que sólo así, uniendo fuerzas, haríamos nuestro sueño realidad.

Y con esta promesa, hicimos las maletas y pasamos nuestra última noche en Hiroshima, una ciudad que nos había aportado serenidad, tranquilidad e ilusión.

Hiroshima siempre será una ciudad que llevaremos en el corazón.

 

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