JAPÓN: Capítulo 5

ASAKUSA Y ODAIBA

De nuevo y al igual que los días anteriores, amanecimos con mucho calor. Nosotros habíamos mirado las predicciones meteorológicas antes de ir a Japón y daban un clima primaveral, es decir, por las mañanas fresquito y por el resto del día cercano a los 20º. Sin embargo nos estábamos llevando una grata sorpresa, porque las temperaturas rondaban los 28º, algo inusual en la ciudad para las fechas en las que estábamos. Lo malo es que en la maleta teníamos ropa de primavera y no de verano, por lo que estábamos echando de menos unos pantalones cortos. Yo, por el contrario, tenía un par de vestidos, a los que les saqué mucho provecho en todo el viaje.

Ese día íbamos a visitar Asakusa, que es uno de los distritos de Tokio. Este distrito, a diferencia de los otros, tiene una ambiente de décadas pasadas que sobrevive a pesar de la modernidad que envuelve la ciudad.

La principal atracción de este distrito es el templo Senso-ji. Este templo budista que fue construido en el siglo VII es muy popular. Al templo se accede a través de la calle Nakamise, que es una calle comercial en la que se pueden comprar muchos recuerdos y probar algunos de los aperitivos típicos de la zona.

Durante muchos años, Asakusa solía ser el distrito de entretenimiento de Tokio, con teatros, cines y una amplia zona roja. Sin embargo, gran parte de Asakusa fue destruida en los ataques aéreos de la Segunda Guerra Mundial. Después de esto, la zona del templo fue reconstruida y poco a poco fue recuperando su antigua popularidad como zona sagrada.

Además, después de la construcción del Sky Tree de 634 metros cercano a este distrito, ha provocado un aumento reciente de turistas.

Yo estaba muy emocionada porque tenía muchas ganas de visitar un barrio antiguo japonés. Desde que viera imágenes de estos barrios tradicionales japoneses lo tenía grabado en la retina. Además, cuando era pequeña y veía los dibujos de Doraemon (por cierto un personaje muy importante para el país) me llamaba mucho la atención esas casas de bambú, los futones… En fin, que por una mezcla de cosas me hacía mucha ilusión por fin ver la parte antigua de Tokio.

Al llegar al barrio de Asakusa, aunque todavía eran las 8:30 de la mañana, las tiendas todavía estaban cerradas pero ya se respiraba una atmósfera diferente a lo que habíamos visto hasta el momento. Recuerdo que, aunque los puestos tenían las persianas echadas, estaban muy bien decorados: algunos tenían dibujos de carpas japonesas, samuráis… todo bien cuidado hasta el último detalle. A pesar de este toque algo moderno de la persiana, se podía ver que esos puestos llevaban allí durante muchos años y que, seguramente, el negocio había pasado de generación en generación.

Para llegar al templo atravesamos la famosa calle Nakamise que expliqué antes y que en este caso, los puestos estaban empezando a abrir. Sin embargo y en contraste con las calles comerciales que estaban vacías, el templo estaba lleno de gente. Solamente eran las 9 de la mañana y ya había muchos grupos de escolares paseando por allí al igual que también había mucha gente rezando, antes de ir a trabajar…

Lo más imponente del templo es la pagoda de color rojo y de de 4 pisos, que la verdad me gustó mucho. Recuerdo que fue justo allí, cuando por primera vez vimos el ritual del rezo budista, que consiste en: coger un cazo con la mano derecha, sumergirlo en agua, lavarse la mano izquierda, pasarse el cazo a la mano izquierda y lavarse la mano derecha y finalmente lavarse la boca antes de entrar al templo. Algo muy curioso, similar al ritual que hacen los musulmanes pero solamente en manos y cara.

En este templo también hay una leyenda que dice que en el año 628, dos hermanos pescaron una estatua de Kannon (la diosa de la misericordia) en el río Sumida y a pesar de que devolvieron la estatua al río, la estatua siempre salía a flote en el mismo punto. A consecuencia de esto, construyeron el templo cerca del río en honor a esta diosa. La construcción fue terminada el 645, por lo que es el templo más antiguo de Tokio. Además, en el mes en el que estábamos se celebra el evento más importante del templo y se llama Sanja Matsuri. Por ese motivo pudimos ver varios monjes decorando varias estatuas, que parecía que las iban a llevar en peregrinación por las calles.

Al entrar al interior del templo, justo en el centro, había una figura de Buda a la que los fieles iban a pedirle un deseo. El ritual que hacían todos consistía en tirar una moneda, se aplaudía dos veces y hacías una reverencia. Con las manos en forma de rezo, te concentrabas para pensar en tu mayor deseo y finalmente volvías a aplaudir. Según la religión budista, el deseo se debería de cumplir haciéndolo de esta manera. Nosotros lo hicimos también por si acaso… Jajajaj

A

Alrededor del templo había una zona ajardinada muy bonita con varios santuarios pequeñitos de color rojo, típico de esta religión. Además, había un montón de puestos de comida tradicional que eran súper diferentes a los que nosotros conocemos en España. Tenían unos letreros muy llamativos que parecían de dibujos animados o al menos ¡a mí me lo recordaba! Todos tenían comida diferente, de todo tipo, sin embargo encontramos uno que vendían pulpo hervido acompañado de pimiento, cebolla y otros vegetales. Otra forma diferente de servir este producto tan típico de Galicia. Otra de las cosas curiosas del templo fue que vimos farolillos de papel y muchos envases tradicionales que simulaban los recipientes donde almacenan el sake. Al parecer, estos envases vacíos, los dejaban allí como ofrenda a los dioses.

Paseamos por la zona de forma tranquila, ya que como os digo, el templo prestaba para quedarse allí un buen rato y relajarse. Además, por la zona en la que estábamos, nos encontramos con un pequeño estanque que tenía carpas japonesas, que por cierto me encantaron por sus colores llamativos y su gran tamaño. A Isaac le encantaron también y ya aprovechó el momento para insinuar que quería tatuárselas en el brazo como recuerdo o que si me gustaba más, podría ser una ola japonesa… Como siempre aprovechando cada momento jejeje

Cuando salimos del templo, nos fuimos de tiendas un rato. Había muchas cosas curiosas y souvenirs muy originales. Pero apenas pudimos comprar alguna cosilla pequeña porque como llevamos tanto equipaje para nuestras tres semanas de viaje, no podíamos empezar a cargar tan pronto las mochilas..

Sin darnos cuenta, nos vimos rodeados de un montón de estudiantes que no paraban de tocarlo todo, de gritar… Era un poco agobiante, por lo que decidimos acercarnos a la orilla del río Sumida para ver las vistas. Teníamos especial interés en ver esta zona porque a ambos lados de la orilla hay un parque lleno de cerezos, y aunque en aquel momento no era la época para verlos en su máximo esplendor, a mí personalmente me gustan igual.

Desde dónde nos encontrábamos, justamente estábamos en frente del Sky Tree, el actual edificio más alto de Japón. A su lado había otro edificio muy curioso en el que encima tenía una especie de cagarruta dorada. Era bonito, pero lo más gracioso era que Isaac no paraba de hacer bromas al respecto y por lo tanto no parábamos de reírnos. He de decir que no estábamos muy desencaminados al llamarlo “cagarruta dorada” ya que en japón este edificio, sede principal de la cerveza Asahi (una de las cerveceras más grandes de Japón) es conocido como el edificio caca o el edificio de m***** ya que todo el mundo lo asemeja a una cagarruta. Al parecer la intención del arquitecto era el de que pareciera una llama de fuego que representara la innovación y progreso de la sociedd japonesa, pero terminó consiguiendo todo lo contrario…

En un principio teníamos la intención de ver la zona, caminar por allí un rato e irnos a coger el metro hacia nuestro siguiente destino, pero justo delante nuestra nos encontramos con la estación de ferris y pensamos ¿por qué no ir en barco en vez de en metro?

El barco en el que nos subimos tenía un estilo muy clásico. En internet habíamos visto que había uno barco súper moderno, con el techo de cristal que simulaba una manta raya, pero en este caso no tuvimos suerte y nos tocó uno más tradicional, hecho de madera y con sofás bien acolchaditos en vez de asientos modernos. Otro estilo más tradicional como estaba siendo el día… La amabilidad de la tripulación volvió a llamar nuestra atención, se veía claramente que querían agradar a los turistas y ponían todo el empeño en ello.

El viaje en barco fue muy entretenido ya que pudimos ver la ciudad desde otro punto de vista totalmente diferente, viendo la parte trasera de los edificios, la parte que no se muestra a todos los públicos. Uno de los lugares que más me gustó ver fue el famoso mercado de pescado, ese que siempre sale en la televisión con grandes piezas de atún… Lamenté no poder visitarlo, pero solamente se puede ver su máximo apogeo a tempranas horas de la madrugada. Pero sin duda, lo que más me impresionó del paseo fue encontrarnos con la isla futurista de Odaiba, una isla que me rompió los esquemas, ya que lo primero que ves es ¡una réplica de la Estatua de la Libertad!

Pero quiero explicaros lo que es Odaiba… Odaiba es un popular distrito comercial y de ocio, situado en una isla artificial en la bahía de Tokio. Odaiba significa literalmente, fortaleza, y fue construida inicialmente en forma de pequeñas islas a finales de 1603 para proteger Tokio frente a los posibles ataques desde el mar. Más de un siglo después, estas pequeñas islas se unieron en islas más grandes, a causa de su uso como vertedero masivo. Finalmente, Tokio decide iniciar un proyecto espectacular de desarrollo, destinado a convertir las islas en un futurista distrito residencial y de negocios. Como dato curioso y que escuchamos durante nuestro trayecto en barco, deciros que cuando empezaron la reconstrucción de la isla, se encontraron que la zona estaba plagada de minas submarinas liberadas en la Segunda Guerra Mundial y que tuvieron que retirar porque muchas de ellas no habían explotado y eran un peligro para la población.

Cuando desembarcamos, nos dejaron al lado de una playa de arena blanca que era artificial, y no sé porqué, me recordó a Dubai ¡y eso que no había estado todavía allí! Debió de ser el contraste de todo en general o el aire a postizo lo que me hizo pensar en Dubai… Lo que sí os digo es que en la playa había carteles avisando de que podía haber la avispa japonesa, que tuviéramos cuidado. Vamos, que con esta advertencia no tardamos en irnos, sobre todo porque Isaac había leído que su veneno era capaz de disolver los tejidos y ¡le teníamos pánico! ¿Vosotro no huiríais?

Siguiendo un sendero de madera peatonal, llegamos al símbolo de Odaiba, que es una réplica de la Estatua de la Libertad. ¿A que no os imaginabais que pudieran tener eso los japoneses? Realmente me pareció algo contradictorio que los japoneses, que fueron vencidos por los americanos en la Segunda Guerra Mundial, pudieran tener una estatua como esta. Pero, por si no fuera poco, detrás de la estatua, se veía al fondo un enorme puente, casi igualito al puente de Brooklyn pero de color blanco. ¿A que es un poco chocante todo? Pues eso es lo que nos encontramos en aquella isla que literalmente te desconcertaba…

Como ya era hora de comer, nos dirigimos a un centro comercial que había ahí al lado. De camino, vimos el edificio de la televisión japonesa, muy llamativo también porque tenía un amplio cuadrado vacío en su interior, del cual colgaba una esfera metálica de dimensiones impresionantes. Una maravilla arquitectónica porque no te entra en la cabeza cómo han podido construír algo así.

Pero antes de comer, nos encontramos con otra sorpresa. Antes de entrar en el centro comercial, nos encontramos con una estatua gigante de Gundam. Gundam es un icono de la cultura japonesa ya que es el protagonista de una serie de dibujos animados de ciencia ficción. La temática de la serie se basa en los conflictos bélicos entre humanos que utilizan los robots como arma de combate y el más famoso de ellos es precisamente Gundam. La sociedad japonesa siempre ha tenido una relación especial con los robots, si te paras a pensar por un momento, ellos son los mejores diseñadores en esta categoría y esa misma tarde, Isaac y yo lo íbamos a comprobar.

Cuando entramos en el centro comercial vimos que en la planta baja había una zona de restaurantes en dónde cada uno cogía la comida que quisiera en los diferentes locales y después lo comías en una zona central que estaba llena de mesas. He de deciros que las opciones eran todas asiáticas, por lo que no podías acceder a algún tipo de comida más occidental, pero bueno, cuando vas de viaje se trata de involucrarse lo máximo que se pueda en la cultura que corresponda ¿no? Pues eso fue lo que hicimos nosotros.

Isaac quiso probar un plato típico japonés de noodles con una salsa que tenía verduras y algo parecido a un taco de carne de cerdo. Al parecer le olía muy bien, pero una vez lo tuvo delante, su sabor no era para tanto. Tenía un ligero sabor a pescado mezclado con verduras, y no le entusiasmaba mucho, aunque los fideos estaban bastante ricos. Esto nos pasó mucho en nuestro viaje, que por apariencia te imaginabas que iba a saber de una manera pero después en la boca, el sabor era totalmente diferente, ¡algo que te confundía la mente! No sé si me explico bien…

Yo no quise arriesgarme mucho, tenía hambre y quería comer algo que no me diera sorpresas, así que opté por comer unos noodles con soja vegetal a la plancha, marinada con salsa de soja (doble de soja por si no era suficiente). La salsa se parecía más a otra cosa pero bueno, estaba pasable, aunque he de decir que me quedé un poco con hambre.

Antes de irnos, recuerdo que me fui al baño a lavarme los dientes (es lo que tiene estar llevando ortodoncia, que no puedes dejarlo pasar estés en dónde estés). Cuando entré en el baño, me sorprendió que si querías ir al baño tenías dos opciones: podías ir a un water convencional como el que nosotros conocemos pero con la tecnología que ya os he explicado en el capítulo 2 o si querías podías utilizar algo más sencillo, como una letrina, pero modernilla (con la cisterna con sensores de presencia). Es decir, que ellos siguen utilizando la letrina, porque si no, no la pondrían en un centro comercial ¿no?

A salir de allí, nos fuimos directamente al Miraikan, el Museo de Ciencia y Tecnología de Japón. Yo estaba muy emocionada con la idea de ir a este museo porque había visto, en varios documentales, que podías ver a Asimo, el famoso robot de Honda.

Asimo es un robot humanoide, creado por la compañía japonesa en el año 2000. Con el diseño y desarrollo de este humanoide se pretendió crear una ayuda para las personas que carecían de movilidad completa, así como para animar a la juventud al estudio de las ciencias y las matemáticas.

Yo tenía la duda de si lo vería o no, y es que en internet también había leído que lo habían dejado de mostrar al público. Así que no fue hasta el momento en el que compramos las entradas que confirmé que finalmente ¡podría ver a este especial humanoide! ¡Qué ilusión que me hizo!

Es obvio que lo primero que hicimos al entrar en el museo, fue ir a ver la representación de Asimo, que justamente empezaba en 20 minutos.

Como dos niños nos sentamos en el suelo delante de todo, por supuesto. Mientras esperábamos al inicio de la actuación un voluntario nos explicaba que teníamos que evitar el uso de palos selfies para no dañar a este adorable humanoide.

He de deciros que cuando dio comienzo la acutación me pareció impresionante. La música empezó a sonar y Asimo salió corriendo a través de una puerta que se iba abriendo. Fue tanta la impresión que me dió, que creo que hasta pegué un pequeño grito, porque Asimo, justamente ¡venía corriendo hacia mí! Os digo que no es lo mismo verlo en la televisión que verlo en la realidad. Sentí miedo, respeto y lo sentí como si fuera ¡una persona! Normalmente, solo crees que los humanos pueden llegar a caminar, a moverse, mover los brazos, girar la cabeza… pero este humanoide te demostraba cómo podía hacer todo eso y más: bailar, ir a la pata coja, chutar un balón… Parecía que Asimo tenía sentimientos mientras bailaba, mientras chutaba el balón… no sé, me dio mucho que pensar esta exhibición.

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Después de esto, nos fuimos a ver una película en 3D sobre las 9 dimensiones del espacio, un tema que a Isaac le entusiasma. Como éramos extranjeros, nos dieron unos aparatos para traducir la película del japonés al inglés, lo que pasa es que eran tan extraños que, sinceramente, ¡no sabíamos cómo ponerlos en la oreja! ¡Así que ya nos empezamos a reír a carcajadas! Estábamos alucinando con las cosas tan extrañas que estábamos viviendo. No sabíamos mucho qué hacer, si decirle o no a la azafata que no teníamos ni idea de cómo colocarnos aquello para no quedar en ridículo, pero finalmente decidimos ser sinceros porque nos íbamos a quedar sin entender nada de la película… Y por si el atuendo no fuera suficiente, nos dieron unas gafas super futuristas para ver la película 3D, eran más grandes de lo normal y parecíamos dos hormigas atómicas. ¡Qué risas nos estábamos pegando con este viaje!

Dentro de la sala, buscamos nuestras butacas ya que estaban numeradas. A mi lado se sentó un hombre japonés con traje y barba blanca, muy serio la verdad, me daba mucho respeto. Justo delante nuestro se sentó una madre y una niña que eran de Irán (lo sé porque los escuché hablar y decirlo). Al inicio de la película, la niña empezó a llorar, revolverse… Algo normal en nuestra sociedad, pero no en la japonesa. El hombre parecía que no entendía porque la niña se ponía tan nerviosa y se puso muy inquieto. Finalmente, al ver la reacción de aquel hombre, la madre optó por salir de la sala. Me dio la sensación de que los turistas les rompíamos las reglas de convivencia y que no les gustaba para nada.

La película en 3D que proyectaron sobre la teoría de cuerdas y las distintas dimensiones del universo, a mí no me entusiasmaba demasiado, de hecho, casi me dormía, pero es porque a mí el tema del universo me relaja tanto que me deja k.o. Sin embargo Isaac disfrtuó como un niño.

Cuando salimos de la sala nos fuimos a las plantas inferiores del museo para continuar viendo las exposiciones que allí había, pero he de deciros que personalmente me rallaron un poco. Una de ellas hablaba de la teoría de cómo o porqué las personas pueden padecer cáncer. Una de esas teorías que nombraban era que el cáncer podía ser provocado por un factor genético, algo que ya está probado, sin embargo, otra de las teorías que me preocupó fue que decían era el estrés. El estar estresado provoca que tu cuerpo esté inflamado y ese estado favorece la proliferación de células cancerígenas… Factores que no puedes controlar y que afectan a la mayoría de las personas en nuestra vida diaria, por lo que esto es una lotería…

Otra de las exposiciones que había, trataba sobre el PET (que son las siglas de polietilentereftalato, es decir, con lo que estoy trabajando cada día). Yo que me escapo de España, a la otra punta de la Tierra para olvidarme de este tema y va y me encuentro con una exposición del plástico. ¿Todo el mundo se va de vacaciones para olvidarse un poco de su día a día verdad? Pero bueno, también entiendo que es un tema que es de actualidad.

La última de las exposiciones que vimos era una maqueta de la ciudad de Tokio, en la que te indicaba la probabilidad de que hubiera un terremoto, pero, a la vez que veías cómo empezaba todo a moverse para que vieras el efecto devastador de un terremoto, también calculaba la probabilidad de personas que podían sobrevivir dependiendo de la intensidad del mismo (algo que en Japón sucede a menudo). La verdad que me pareció algo masoca pero a la vez muy informativo, lo que pasaba era que ¡yo no quería ni pensar en esa pequeña probabilidad mientras estuviéramos nosotros allí!

Bajando a las plantas inferiores, en el centro del Museo, había una bola gigante que simulaba la bola del mundo y en donde hacían diferentes proyecciones cada media hora. La verdad que era muy chula y seguramente lo habéis visto en la televisión, ya que es el icono del museo.

Pero lo más divertido fue la exposición de robótica, sin duda fue la mejor en mi opinión. En esta exposición podías interaccionar con los robots, es decir, una persona le daba la voz y el movimiento al robot, mientras que otra podía interaccionar con él. Así que Isaac tuvo la gran idea de participar. Había varios tipos de robots pero el único que estaba libre en aquel momento era una especie de bebé. Isaac sin dudarlo se metió dentro de la cabina de mandos, ya que sería él el que se encargaría de darle el movimiento y la voz, mientras que a mí me tocaba interactuar con él sentada en un sofá a la vista de todos.

Para poder controlar bien el robot, Isaac se tuvo que poner un aparato que le rodeaba toda la cabeza, ya que era la zona en dónde este bebé robot tenía la movilidad y también para repetir todo lo que Isaac me quisiera decir. Cuando la voz de Isaac empezó a salir de aquel robot a la vez que empezaba a mover la cabeza sin parar, yo no podía parar de reírme. Pues allí estaba, delante de todo el mundo, riéndome sin parar y el robot diciéndo todo el rato “¡Dame un besito dame un besito!”A lo que yo le respondía un no rotundo porque claro, ¡Todo el mundo me estaba mirando! Como el robot hacía lo que Isaac quería, empezó a mover la cabeza como un loco de un lado a otro, en círculos, y haciendo todo tipo de movimientos. ¡El robot parecía loco y a la gente le encantaba porque no paraban de reírse! Isaac no paró de moverse hasta que finalmente terminé abrazando a aquel muñeco. Aunque mucha gente me grabó en vídeo, nosotros no tenemos ninguna imagen para el recuerdo… una pena porque fue un momento super gracioso.

Después de la experiencia del Miraikan, nos dirigimos al distrito de Harajuku. El tren que cogimos iba por un puente en dónde también circulaban los coches, una infraestructura que realmente nos quitó el hipo. De verdad, impresionante. Durante el trayecto Isaac no paraba de repetir que por qué no podían hacer esto mismo de Coruña a Ferrol, como si Galicia fuera igual a Japón…. ¡Ojalá nuestros ojos puedan ver algo así en Galicia algún día!

El distristo de Harajuku es el nombre con el cual se conoce a la zona que rodea la estación Harajuku en Tokio. Es conocida por ser uno de los lugares de compras más populares de la ciudad, a la vez que sirve como punto de encuentro para los jóvenes, quienes cada domingo se reúnen y exhiben estilos de moda únicos y de vanguardia. Allí se encuentran mercadillos, así como también actuaciones en plena calle de grupos musicales y solistas, que nosotros no vimos… Básicamente es el barrio donde puedes ver a las chicas disfrazadas de muñecas manga y poder comprar ropa extravagante a precio de saldo, o eso es lo que decían en Internet.

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A nosotros nos llamó la atención ver cómo vestía la gente, porque realmente era un contraste. En casi todos los lugares que habíamos visitado hasta el momento, la gente era silenciosa, respetuosa, callada… En cambio en Harajuku, era totalmente lo contrario. Por ejemplo, para publicitar las diferentes tiendas, había varios adolescentes que pegaban gritos en japonés, que imaginamos que promocionaban las diferentes ofertas que tenían los establecimientos. La verdad es que tenían unas pintas muy raras.

Recuerdo que grabamos un vídeo dentro de una tienda porque era súper singular, tanto que la ropa, como la música que tenían ¡parecía una discoteca techno! Allí le hice un vídeo para que Cristina pudiera verlo, ya que tenía muchas ilusiones en que visitara ese distrito. Ella incluso me había aconsejado un canal de YouTube en dónde un joven español explicaba los distintos barrios de Tokio (me fue muy útil por cierto).

Estuvimos por allí aproximadamente una hora y media, no mucho más. Las tiendas eran muy extravagantes y no iban con nuestro estilo, por lo que con un paseo por la zona ya nos sirvió para hacernos una idea.

Como ya se hacía tarde regresamos a la zona de Shinjuku, al día siguiente habiamos contratado un tour para ir al Monte Fuji y tendríamos que estar en un punto de encuentro de la zona a primera hora de la mañana. Por lo que pensamos que para no tener problemas al día siguiente, lo mejor sería acercarnos a ese lugar y conocerlo para después, al día siguiente, ir a tiro fijo.

Sin embargo, con las indicaciones que teníamos guardadas en el móvil no fue suficiente para encontrar aquel lugar… Estuvimos dando vueltas en círculo por la noche, con las calles llenas de gente y aún por encima, en ningún lugar teníamos opción a conectarnos a internet. Hubo un momento en el que nos bloqueamos, incluso pensamos en pasar del tema e irnos directamente al hotel. Yo creo que era el cansancio el que nos hacía bloquear la mente y no pensar de una forma clara…Finalmente, después de varias vueltas y sin saber cómo, encontramos el lugar ¡al fin! ¡ya nos podíamos ir al hotel tranquilos!

De camino al hotel decidimos tomar un sandwich en Subway. Lo que más me llamó la atención de la cena es que el local solamente estaba lleno de hombres y mientras me comía el sandwich y miraba a la calle me di cuenta porqué… La zona estaba llena de clubs… No me gustó mucho comer en aquel lugar, pero bueno, como estaba tan cansada no quise pensar mucho y solo comí.

Cuando llegamos al hotel, preparamos todas las cosas para salir pitando del hotel después de desayunar ya que a las 07:30 tendríamos que estar en el punto de encuentro que tanto nos había costado encontrar y estaba a 30-40 minutos de nuestro hotel… Por lo que más valía que descansáramos, ya que mañana sería un día especial y ajetreado.

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